Por Maxim Plotnikov, del diario Komsomolsaya Pravda de Moscú, 26 de marzo de 2023 7:33 am.
Traducción, diagramación y adecuación linguística: Víctor Hugo Marenco Boekhoudt
En la década de 1960, El Líbano recibió el halagador título de la "Suiza del Medio Oriente" y durante algún tiempo, incluso se consideró un paraíso fiscal más prometedor que las Islas Caimán o Hong Kong. En el turbulento mundo árabe, Beirut se percibía a diferencia de los demás como el garante absoluto de la estabilidad. Era famosa por su desarrollada industria del ocio, educación de calidad y banca confiable. Después de 60 años, la situación en el país ha cambiado drásticamente. Esta es una historia clásica de una sociedad rica, sumida en la corrupción y perdiendo casi todo.
15 AÑOS DE GUERRA
Hasta 1975, Beirut no solo era un paraíso fiscal que atraía fondos de todos los países líderes de la región, sino también un lugar de entretenimiento donde la flor y nata de la sociedad, acudía a entretenerse y gastar su dinero. El idilio terminó en una guerra civil entre cristianos y musulmanes que estalló en el país, sumiendo al Líbano en el caos hasta 1990.
A pesar de la destruida reputación de Beirut como la "Suiza de Oriente Medio", el primer ministro libanés (además, empresario a tiempo parcial y multimillonario) Rafik Hariri reformó el sector financiero del país y trató de devolverlo a su estado anterior.
Miles de millones de dólares petroleros comenzaron a fluir hacia el Golfo Pérsico, y fueron los bancos de Beirut los que administraron la mayor parte de esta riqueza. El crecimiento del PIB alcanzó el 19% anual, pero el efecto secundario fue la dependencia del Líbano del dólar estadounidense, su enorme deuda externa y el desequilibrio comercial (las importaciones superaban las exportaciones en 4 veces).
CORRUPCIÓN Y MERCADO NEGRO DE MONEDA
Además de todos los problemas, El Líbano ha adoptado el soborno total en todos sus niveles, bloqueando simultáneamente los ascensores sociales y creando una gran brecha en los ingresos de la población.
En febrero de este año, Riad Salama, quien estuvo al frente del banco central del país durante casi 30 años, fue acusado de lavado de dinero y enriquecimiento ilícito. Cobró comisiones por la venta de valores gubernamentales a los bancos comerciales. Su asistente y su hermano también estuvieron involucrados en un fraude financiero relacionado con la falsificación de documentos. Como resultado de una investigación de las autoridades suizas sobre el caso de transferencias de divisas desde el Líbano a bancos europeos, cerca de 120 millones de euros fueron congelados en las cuentas de Salameh.
Los primeros signos serios del deterioro de la situación económica del Líbano aparecieron en 2019. Los ricos invirtieron en inmuebles de lujo en el centro de la capital, mientras sectores como el transporte y la energía seguían en declive. Al mismo tiempo, el Líbano se inundó con casi 1,5 millones de refugiados sirios que huían de la guerra en su país, dando como resultado, que la deuda pública del Líbano alcanzara los U$79 mil millones (casi el 170 % del PIB) y el desempleo aumentara al 37 %. El Banco Central ya no pudo hacer frente al apoyo de la libra libanesa, como resultado de lo cual surgió un mercado negro de divisas en el país.
Paralelamente, en Líbano comenzaron los problemas con el suministro de agua y electricidad, lo que provocó el contrabando de combustible y generadores. Finalmente, en marzo de 2020, el gobierno libanés se negó a cumplir con sus obligaciones financieras para canjear los Eurobonos. El primer ministro Hassan Diab dijo que las reservas de divisas del país habían caído a un nivel crítico y que la corrupción había "devorado" al país.
LA PANDEMIA Y LA EXPLOSIÓN CATASTRÓFICA EN EL PUERTO
La pandemia del coronavirus, terminó de fulminar a la industria turística libanesa causando un daño significativo a los sectores relacionados de su otrora gran economía. A fines del 2020, se había reducido a la mitad ( U$ 33 mil millones y la inflación en el país había alcanzado el 84%).
En agosto del mismo año, explotaron por los cielos en el puerto capitalino, 2750 toneladas de nitrato de amonio. La chispa de soldadura golpeó los explosivos almacenados en el mismo hangar, tras lo cual detonó el propio salitre. La explosión fue tan poderosa que unos 300.000 beirutianos quedaron sin techo, más de 200 murieron y 7.000 personas resultaron heridas. La destrucción a gran escala de la infraestructura y del sector residencial, así como la negligencia de los funcionarios, complicaron seriamente la situación del país.
Los libaneses se enfrentaron a apagones continuos, colas kilométricas en las gasolineras, escasez de combustible para los generadores y su deterioro técnico. La situación actual ha multiplicado los riesgos sanitarios y pone al país a un colapsamiento del sistema de abastecimiento de agua. El coronavirus y las interrupciones en el suministro de medicamentos han destruido efectivamente el sistema de salud libanés.
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